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¡Hola! Aquí estoy, estrenando página y
dándole a usted la bienvenida, todavía asombrada de que esto funcione. En
primer lugar, porque esto de estar en una red que abarca todo el mundo es de
por sí asombroso y misterioso, y en segundo, porque la página -con ayuda de
Santiago, como podrá imaginar cualquiera que nos conozca- me la he construido
yo misma, cosa que jamás me hubiera creído capaz de hacer. (Claro que hace unos
quince años, cuando escribía a mano y casi a escondidas mis primeros cuentos,
no me hubiese imaginado a mí misma tecleando en una computadora. Y otros quince
años antes, lo que jamás hubiera pensado es que iba a ser escritora.)
Que da trabajo, da trabajo, no puede
negarse, pero espero que esta inversión de tiempo de verano –época en la que
los docentes tenemos vacaciones, lo cual en muchos casos suele significar que
trabajamos en otras cosas- represente un alivio entre marzo y diciembre, cuando
las exigencias del año lectivo, la publicación de nuevos libros y las cercanías
de mayo con su bienvenida movida librera tironean al máximo del exiguo tiempo
de los escritores y escritoras, especialmente de quienes nos dedicamos ante
todo a los niños y jóvenes. (Para quienes no lo saben, en Uruguay el 26 de Mayo
es el Día del Libro, celebrando la inauguración de la primera Biblioteca
Pública en 1816, lo cual se festeja durante todo el mes en librerías, centros
educativos, Ferias del Libro y demás.)
Por entonces, tanto los periodistas que necesiten algún dato para una
nota, como los estudiantes liceales que deban entregar mañana o pasado un
trabajo sobre un autor que les mandó la profe de Español, podrán hallar aquí
información en abundancia sobre libros
publicados, crítica y reseñas sobre los
mismos, premios obtenidos, biografía,
títulos de artículos publicados, ponencias y
todas esas cosas, sin necesidad de que se los dé o envíe personalmente para lo
cual tendrían que encontrarme primero. (De nada.)
Se
sabe además que las páginas como ésta dan cierta oportunidad a los escritores,
y en especial a sus obras, de ser conocidas fuera de fronteras, lo cual no es
un motivo menor para justificar el esfuerzo de construirse una. Aunque algunos
de mis libros han viajado más que
yo, en general, como a casi todos sus congéneres nacidos en América
Latina, les cuesta bastante atravesar
de cuerpo entero las cuatro paredes -ríos, arroyos, cuchillas y “líneas
divisorias”- de su país. Por lo menos así, aunque sea virtualmente, salen un
poco y toman aire.
Sin embargo, no estaría diciendo toda la verdad si olvidara
mencionar que esta página viene a ser también para mí una especie de casa del
árbol virtual y me ayuda, por lo tanto, a cumplir un antojo de toda la vida, o
por lo menos de la época de mi vida
-menos los primeros cuatro o cinco años, todo el resto- en la que he
pasado buena parte del tiempo leyendo.
Resulta que en unos cuantos de los
muchísimos libros que leí, sobre todo en esas novelas de aventuras y misterios
que consumí con glotonería desde los ocho hasta los doce o catorce años –edad
en que con gran esfuerzo me desprendí oficialmente de la literatura “para
niños”, aunque no por mucho tiempo, como habría de verse-, aprendí que una casa
del árbol es lo mejor que hay para guardar tesoros y secretos, para meterse
allí a pensar y a soñar en paz, para compartir con amigos, conversar y hacer
planes, para vivir aventuras reales e imaginarias y para banquetearse a gusto
con chocolates, galletitas, historietas, cuentos, novelas y otras delicias.
No sabía por entonces que mucho tiempo
después me habría de dar el gusto de construir una preciosa casa del árbol
junto con los protagonistas de uno de mis libros, Hoy llegan los primos. Y
ahora me estoy regalando ésta, todavía a medio construir, es verdad, pero aun
así capaz, en su virtual solidez, de cumplir bastante bien con su cometido. Menos
los chocolates y las galletitas, creo que algo de todo lo demás podrá
encontrarse aquí algún día: Podrá albergar textos,
mensajes, recuerdos, dibujos; podrá servir de lugar de encuentro con amigos
viejos y nuevos y tal vez llegue a transformarse en un ámbito de creación y
reflexión sobre la literatura y su encuentro con los lectores.
En
fin: aquí estoy, entonces, estrenando página y casa del árbol, recordando todos
los sucedáneos que he ido construyendo, sola o en buena compañía, desde mis
primeras experiencias lectoras hasta el día de hoy. Si quiere le cuento más, pero no con usted ahí, medio
cuerpo afuera, colgando de la escalera de cuerda y a punto de caerse de la
rama. Si gusta, mejor pase del todo –cuidado con la cabeza, y ojo al pisar ese
tablón, que está medio flojo-, siéntese donde pueda, revise, lea y disfrute lo
que hay.
Magdalena Helguera
Ciudad de la Costa (Canelones), República
Oriental del Uruguay,
Enero/febrero de 2005
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