Cuadro de texto: Casa del árbol virtual (si lo prefiere, página personal) de la escritora 
MAGDALENA  HELGUERA


 


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Casa del árbol

Cuadro de texto: Novedades
19/6/2006
Más de un año sin actualizar la página obliga a resumir:
- Libros nuevos
2006
No se puede andar con monos y otros cuentos peligrosos 
  (Próximamente: Nueva edición de Una enorme montaña de pasto.)
2005
El jabón no muerde
	 	(Noviembre)
Alarma roja 
		(Setiembre)
Árboles blancos
		(Setiembre)
espejos.uy 
	       	 (Abril)
- Trabajo nuevo
   Desde el pasado año 2005 ejerzo la docencia en Institutos de Formación Docente. En 2006, en terceros años de Montevideo y Pando. Asignatura: Didáctica Taller de Lenguaje. 
14/4/2005
 - Primer premio en concurso “Los niños del Mercosur” (Córdoba).
 -Libros y leche: Un resfrío como hay pocos en colección “ConaproLeé”. 
12/2/2005
   Ya están funcionando las secciones: Enlaces y Noticias:
- Próxima novela.   
- Libros en la playa Malvín.
- Ibby Uruguay invitado por Ibby Holanda.
5/2/2005
   Hoy  toda la página es novedad. Se inaugura con títulos y tapas de mis libros publicados y abundancia de datos varios que  podrán encontrar recorriendo  las diversas secciones. 
    Para festejar el estreno leyendo, está la parte de Hoy llegan los primos donde construyen la casa del árbol. Para reflexionar un poco, “Cuentos que piden upa”,  texto tomado de A salto de sapo: Narrativa uruguaya para niños y jóvenes.
Especialmente dedicada a mis vecinos de la Ciudad de la Costa, y para que los que están lejos se hagan  una idea de dónde vivo, va una crónica titulada “A la conquista del lejano este” publicada en 2002 en Sudestada.
    Y de postre, para leer porque sí, algunos capítulos  de Una enorme montaña de pasto  que acaba de cumplir diez años y está agotado hace tanto tiempo, pobrecito.

         ¡Hola! Aquí estoy, estrenando página y dándole a usted la bienvenida, todavía asombrada de que esto funcione. En primer lugar, porque esto de estar en una red que abarca todo el mundo es de por sí asombroso y misterioso, y en segundo, porque la página -con ayuda de Santiago, como podrá imaginar cualquiera que nos conozca- me la he construido yo misma, cosa que jamás me hubiera creído capaz de hacer. (Claro que hace unos quince años, cuando escribía a mano y casi a escondidas mis primeros cuentos, no me hubiese imaginado a mí misma tecleando en una computadora. Y otros quince años antes, lo que jamás hubiera pensado es que iba a ser escritora.)

         Que da trabajo, da trabajo, no puede negarse, pero espero que esta inversión de tiempo de verano –época en la que los docentes tenemos vacaciones, lo cual en muchos casos suele significar que trabajamos en otras cosas- represente un alivio entre marzo y diciembre, cuando las exigencias del año lectivo, la publicación de nuevos libros y las cercanías de mayo con su bienvenida movida librera tironean al máximo del exiguo tiempo de los escritores y escritoras, especialmente de quienes nos dedicamos ante todo a los niños y jóvenes. (Para quienes no lo saben, en Uruguay el 26 de Mayo es el Día del Libro, celebrando la inauguración de la primera Biblioteca Pública en 1816, lo cual se festeja durante todo el mes en librerías, centros educativos, Ferias del Libro y demás.)  Por entonces, tanto los periodistas que necesiten algún dato para una nota, como los estudiantes liceales que deban entregar mañana o pasado un trabajo sobre un autor que les mandó la profe de Español, podrán hallar aquí información en abundancia sobre libros publicados, crítica y reseñas sobre los mismos, premios obtenidos, biografía, títulos de artículos publicados, ponencias  y todas esas cosas, sin necesidad de que se los dé o envíe personalmente para lo cual tendrían que encontrarme primero. (De nada.)

            Se sabe además que las páginas como ésta dan cierta oportunidad a los escritores, y en especial a sus obras, de ser conocidas fuera de fronteras, lo cual no es un motivo menor para justificar el esfuerzo de construirse una. Aunque algunos de mis libros han viajado más que yo, en general, como a casi todos sus congéneres nacidos en América Latina,  les cuesta bastante atravesar de cuerpo entero las cuatro paredes -ríos, arroyos, cuchillas y “líneas divisorias”- de su país. Por lo menos así, aunque sea virtualmente, salen un poco y toman aire.

 

            Sin embargo, no estaría diciendo toda la verdad si olvidara mencionar que esta página viene a ser también para mí una especie de casa del árbol virtual y me ayuda, por lo tanto, a cumplir un antojo de toda la vida, o por lo menos de la época de mi vida  -menos los primeros cuatro o cinco años, todo el resto- en la que he pasado buena parte del tiempo leyendo.

         Resulta que en unos cuantos de los muchísimos libros que leí, sobre todo en esas novelas de aventuras y misterios que consumí con glotonería desde los ocho hasta los doce o catorce años –edad en que con gran esfuerzo me desprendí oficialmente de la literatura “para niños”, aunque no por mucho tiempo, como habría de verse-, aprendí que una casa del árbol es lo mejor que hay para guardar tesoros y secretos, para meterse allí a pensar y a soñar en paz, para compartir con amigos, conversar y hacer planes, para vivir aventuras reales e imaginarias y para banquetearse a gusto con chocolates, galletitas, historietas, cuentos, novelas y otras delicias.

         No sabía por entonces que mucho tiempo después me habría de dar el gusto de construir una preciosa casa del árbol junto con los protagonistas de uno de mis libros, Hoy llegan los primos. Y ahora me estoy regalando ésta, todavía a medio construir, es verdad, pero aun así capaz, en su virtual solidez, de cumplir bastante bien con su cometido. Menos los chocolates y las galletitas, creo que algo de todo lo demás podrá encontrarse aquí algún día: Podrá albergar textos, mensajes, recuerdos, dibujos; podrá servir de lugar de encuentro con amigos viejos y nuevos y tal vez llegue a transformarse en un ámbito de creación y reflexión sobre la literatura y su encuentro con los lectores.

 

         En fin: aquí estoy, entonces, estrenando página y casa del árbol, recordando todos los sucedáneos que he ido construyendo, sola o en buena compañía, desde mis primeras experiencias lectoras hasta el día de hoy. Si quiere le cuento más, pero no con usted ahí, medio cuerpo afuera, colgando de la escalera de cuerda y a punto de caerse de la rama. Si gusta, mejor pase del todo –cuidado con la cabeza, y ojo al pisar ese tablón, que está medio flojo-, siéntese donde pueda, revise, lea y disfrute lo que hay.

 

Magdalena Helguera

Ciudad de la Costa (Canelones), República Oriental del Uruguay,

Enero/febrero de 2005

 

 

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Casa del árbol

© Magdalena Helguera, 2005 

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